El orden de los objetos no sólo ayuda a encontrarlos rápidamente y tener la sensación de controlar las cosas a nuestro alrededor, sino que las jerarquiza, clasifica y organiza de acuerdo al significado y al valor que representan para cada uno. Esta dimensión simbólica del orden implica decisiones que son al mismo tiempo íntimas y visibles.
Martín Castillo Morales fotografía su propio orden minucioso, pero también acompaña sus imágenes con testimonios de personas que convivieron con él y su meticulosidad. En Studio 488, cuatro fotos de iguales dimensiones muestran rincones domésticos donde nada sucede y ningún detalle queda librado al azar. “Cada objeto tiene su función, su lugar, tiene una posición y un objetivo”, dice un testigo. La quietud parece total, calculada. Los textos están impresos al mismo tamaño que las imágenes y se van alternando, también son cuatro.

Pero la matemática se complejiza cuando aparece la confesión de otro roommate, uno que supo convivir con Martín y su contraparte perfecta, “el tipo más desordenado del planeta”. Y continúa, “Me sentía en deuda con el mundo por tener en casa la metáfora del universo”. Se trata, sin dudas, de un universo frágil, donde personas y objetos habitan un delicado equilibrio, que, en realidad, nunca está quieto.



